Lula lanzó el mensaje durante el cierre de una visita oficial a la India, al subrayar que Brasil no aceptará ser tratado como una “colonia tecnológica” ni como un socio de segunda categoría por parte de Estados Unidos. El mandatario insistió en que no busca una “nueva Guerra Fría” y que su gobierno pretende mantener relaciones equilibradas con todas las potencias, sin alineamientos automáticos y bajo el principio de respeto mutuo. “Queremos tratar a todos en igualdad de condiciones y recibir de ellos un trato también igualitario”, afirmó al ser consultado por su próximo encuentro con Trump.
El encuentro entre ambos líderes se prevé para principios de marzo en Washington, después de que Lula concluya una gira que incluye escalas en Corea del Sur y Emiratos Árabes Unidos. Será la primera visita oficial de Lula a la Casa Blanca desde el agravamiento de la disputa arancelaria y la segunda reunión bilateral cara a cara, tras un primer contacto en Malasia que ayudó a desactivar parcialmente un arancel de hasta 40% a exportaciones brasileñas. Fuentes diplomáticas señalan que ambos gobiernos trabajan en una agenda amplia que combine comercio, clima, inversiones y temas regionales.
En sus declaraciones, Lula adelantó que exigirá al gobierno de Trump un enfoque menos unilateral en materia económica, después de que Washington impusiera en 2025 aranceles de hasta 50% a productos brasileños como represalia por el juicio y condena del exmandatario Jair Bolsonaro. Brasil respondió entonces con medidas recíprocas y denunció públicamente una injerencia estadounidense en sus asuntos internos y en la independencia del Poder Judicial. Aunque parte de esos gravámenes se redujeron meses después, la cuestión arancelaria sigue siendo uno de los principales focos de fricción entre ambos países.
Lula también dejó claro que el acceso y la explotación de minerales críticos y tierras raras será un punto central en la negociación con Trump. Desde Nueva Delhi, destacó los acuerdos firmados con el primer ministro indio, Narendra Modi, para incrementar el valor agregado en la cadena de minerales estratégicos y dejar atrás el modelo de exportación de materia prima sin procesamiento local. “Lo que no vamos a permitir es que nuestros minerales críticos y tierras raras sean explotados como en el pasado”, remarcó al hablar de las reglas que Brasil pretende fijar con socios como Estados Unidos.
Según la Presidencia brasileña, la agenda con Trump incluirá al menos cuatro ejes: comercio e inversiones, cooperación en transición energética y minerales estratégicos, alianzas académicas y tecnológicas, y la situación de los brasileños residentes en Estados Unidos. Lula ha insistido en que el país norteamericano es un socio clave, pero que las inversiones estadounidenses en Brasil “hace tiempo dejaron de existir” en la magnitud que el gobierno de Brasilia considera necesaria para un vínculo equilibrado. El presidente adelantó que buscará reactivar proyectos de cooperación industrial y de innovación que permitan a Brasil escalar en la cadena global de valor.
El telón de fondo de la reunión está marcado también por la competencia estratégica entre Washington y Pekín, así como por el rol creciente de los BRICS en el sistema internacional. Lula ha reiterado que Brasil quiere profundizar su inserción en ese bloque sin renunciar a una relación sólida con Estados Unidos, y ha defendido la idea de un orden multipolar en el que “ningún país imponga su voluntad” sobre otro. Analistas señalan que el mandatario brasileño intentará aprovechar la cita con Trump para reforzar su imagen de interlocutor global entre el Norte y el Sur y como defensor de la soberanía de las economías emergentes.
En el plano interno, la postura firme frente a Washington le permite a Lula enviar un mensaje tanto a su base progresista como a sectores empresariales que reclaman previsibilidad en la relación con el principal mercado de destino de varios productos brasileños. Las cámaras exportadoras siguen con atención la evolución de la disputa arancelaria, ante el riesgo de nuevos gravámenes que afecten a cadenas como el café, el acero, la carne o el jugo de naranja. De cara a la reunión de marzo, tanto en Brasilia como en Washington se multiplican las gestiones para evitar un nuevo choque y, al mismo tiempo, para fijar los términos de un eventual “trato igualitario” que redefina la relación entre ambos países en los próximos años.