Investigadores proponen estudiar las abejas melíferas como modelo terrestre de inteligencia alienígena para desarrollar un lenguaje matemático universal que permita comunicación interestelar, basándose en experimentos que demuestran la capacidad de estos insectos para realizar operaciones aritméticas básicas pese a sus cerebros minúsculos, según un artículo publicado en la revista Leonardo.
El artículo, publicado en la revista Leonardo y basado en experimentos realizados entre 2016 y 2024 por científicos de las universidades de Monash y RMIT en Australia, postula que las abejas melíferas representan un proxy ideal de “vida inteligente alienígena” en la Tierra. Los autores argumentan que, dada la divergencia evolutiva de más de 600 millones de años entre humanos y abejas, junto con sus arquitecturas neuronales radicalmente distintas, los insectos sociales como las abejas ofrecen un marco para explorar cómo especies no humanas podrían compartir capacidades cognitivas fundamentales como las matemáticas.
En los experimentos, abejas melíferas libres de la Universidad de RMIT demostraron resolver problemas de suma y resta básica, categorizar números como pares o impares, ordenar cantidades y comprender el concepto de cero, todo a cambio de agua azucarada como recompensa. Estas pruebas involucraron entrenamiento con símbolos visuales codificados por colores (azul para suma, amarillo para resta), en las que las abejas aprendieron a manipular cantidades numéricas y transferir el conocimiento a problemas novedosos, evidenciando generalización cognitiva.
A pesar de cerebros con menos de un millón de neuronas —frente a los 86.000 millones humanos—, las abejas exhibieron razonamiento matemático que permite representar todos los números naturales mediante operaciones simples como sumar o restar uno. Los investigadores destacan que esta capacidad surge de principios cognitivos fundamentales, no de estructuras lingüísticas complejas, lo que sugiere que las matemáticas podrían constituir un lenguaje universal accesible a especies con diferentes sustratos biológicos.
El estudio vincula estos hallazgos con la “danza del vaivén” (waggle dance) de las abejas, un sistema de comunicación que codifica distancia, dirección y calidad de recursos alimenticios mediante patrones geométricos precisos. Esta danza, descifrada por Karl von Frisch en la década de 1940, transmite ángulos relativos al sol y distancias con exactitud métrica, demostrando que insectos sociales emplean representaciones abstractas para intercambiar información compleja sin lenguaje verbal.
Los autores proponen que, si humanos y abejas —especies mutuamente “alienígenas”— pueden resolver problemas matemáticos comunes, entonces civilizaciones extraterrestres con cerebros suficientemente avanzados podrían compartir esta base cognitiva. Matemáticas como las pulsos binarios del Disco de Oro de Voyager o diagramas geométricos se perfilan así como el núcleo de protocolos para contacto interestelar, superando barreras lingüísticas y culturales.
El experimento mental extiende implicaciones a la inteligencia artificial, sugiriendo que cerebros simples pueden captar abstracciones complejas mediante mecanismos eficientes. Los investigadores plantean probar si especies diferentes desarrollan “dialectos” matemáticos análogos a variaciones lingüísticas, lo que enriquecería protocolos SETI (búsqueda de inteligencia extraterrestre).
En el marco de SETI, la capacidad de las abejas para aprender aritmética simbólica refuerza la hipótesis de que matemáticas universales —como números primos o secuencias Fibonacci— podrían servir para establecer contacto inicial con señales interestelares. Estudios previos ya habían demostrado que abejas reconocen cero como cantidad inferior en secuencias numéricas, un hito cognitivo compartido solo por humanos, primates y algunas aves.
El trabajo enfatiza que las abejas no solo procesan cantidades, sino que generalizan reglas numéricas a contextos nuevos, lo que indica comprensión conceptual más allá de asociaciones simples. Esta plasticidad cognitiva en invertebrados sugiere que la matemática emerge de adaptaciones evolutivas compartidas, potencialmente replicables en formas de vida exobiológicas.
Futuras líneas de investigación incluyen analizar si abejas desarrollan variantes regionales de representación numérica y extender pruebas a otros insectos sociales. Para SETI, el modelo de abejas propone secuencias matemáticas simples como punto de partida para diálogos cósmicos, priorizando operaciones aritméticas básicas sobre estructuras más abstractas.
El artículo concluye que validar la matemática como lenguaje universal requeriría protocolos interactivos, como videojuegos matemáticos para intercambiar soluciones entre especies alienígenas. Si abejas y humanos resuelven problemas idénticos pese a sus diferencias, las matemáticas podrían mediar el primer contacto interestelar.