Un manuscrito íntimo amplía el retrato humano de un gran pionero de computación

Un relato inédito revela a un Alan Turing literario, divertido y sin vergüenza

Imagen de referencia creada con IA
La primera transcripción y el primer análisis literario completos de un relato autoficcional inconcluso de Alan Turing fueron publicados el 24 de julio de 2026 en The Review of English Studies. Las seis páginas, probablemente escritas entre finales de 1952 y comienzos de 1953 y conservadas en King’s College, Cambridge, muestran una faceta humorística, literaria y abiertamente homosexual del pionero de la computación, poco después de su condena por “indecencia grave”.

Seis páginas conocidas, pero nunca estudiadas por completo

El manuscrito forma parte de la colección de Alan Turing custodiada por el Centro de Archivos de King’s College. Especialistas familiarizados con su legado conocían su existencia, pero la letra difícil de descifrar y el carácter incompleto del texto habían limitado su estudio. Sarah Dillon, profesora de Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge, lo transcribió y analizó íntegramente por primera vez. Sus resultados aparecieron el 24 de julio en el artículo académico identificado con el DOI 10.1093/res/hgag047.

El texto, conocido como Pryce’s Buoy, ocupa seis páginas manuscritas y termina bruscamente en medio de una escena. Dillon calcula que Turing lo redactó a finales de 1952 o principios de 1953. No se sabe si existió una continuación que se perdió, fue retirada o quedó sin escribir. La investigadora evita presentar la parte desaparecida como un misterio resuelto: el archivo solo permite afirmar que el fragmento conservado está incompleto.

Un científico convertido en personaje literario

La narración sigue a Alec Pryce, un científico homosexual conocido por una invención realizada en su juventud, y a Ron Miller, un trabajador sexual desempleado. Dillon identifica a Pryce como un personaje autoficcional, es decir, una versión literaria del propio autor que combina experiencias reales con elementos inventados. El título juega con el apellido del protagonista y con la palabra inglesa buoy, “boya”, aunque también evoca fonéticamente la palabra boy.

El encuentro de los personajes comienza mediante miradas y dudas mutuas antes de continuar en un restaurante. La narración alterna entre la conciencia de Alec y la de Ron, lo que permite observar cómo ambos interpretan la clase social, la apariencia, el deseo y la posibilidad de haberse equivocado sobre las intenciones del otro. El análisis institucional de Cambridge destaca que Turing no presenta la homosexualidad como una anomalía narrativa, sino como parte de la vida cotidiana de sus personajes.

Literatura después de una condena

La fecha probable de escritura resulta crucial. En 1951, Turing mantuvo una relación con Arnold Murray. Después de denunciar un robo en su casa, reconoció ante la policía la naturaleza de esa relación y fue procesado bajo la legislación británica que criminalizaba los actos homosexuales. En marzo de 1952 fue condenado por “indecencia grave” y aceptó un periodo de libertad vigilada condicionado a un tratamiento hormonal, en lugar de ingresar en prisión.

El relato habría sido escrito durante o poco después de ese tratamiento. Sin embargo, Dillon advierte que el manuscrito no encaja con la imagen exclusiva de una persona aislada, avergonzada y reducida al trauma. El personaje de Pryce conserva capacidad de deseo, humor y curiosidad por otras personas. Esto no minimiza la persecución sufrida por Turing; aporta, en cambio, evidencia de que su vida emocional y su identidad no quedaron completamente anuladas por el proceso penal.

La huella de otro escritor de Bletchley Park

Dillon identifica una influencia concreta: Hemlock and After, novela de Angus Wilson publicada en julio de 1952. Wilson, que también había trabajado en Bletchley Park durante la Segunda Guerra Mundial, incorporó personajes homosexuales a sus retratos de la sociedad británica de posguerra. Turing conoció posteriormente al escritor en círculos relacionados con King’s College y consta que leyó su obra.

El análisis compara la secuencia de acontecimientos, determinadas elecciones lingüísticas y el cambio de punto de vista entre personajes. Dillon concluye que Turing utilizó partes de la técnica narrativa de Wilson como estructura para su propio ensayo creativo. No lo interpreta como una apropiación excepcional, sino como el aprendizaje de un escritor principiante que toma una obra admirada como referencia antes de desarrollar variaciones propias.

Una imagen distinta del matemático aislado

La representación popular de Turing suele concentrarse en tres elementos: el descifrado de Enigma, la creación de fundamentos teóricos para la informática y su condena. El nuevo estudio no modifica esos logros ni los hechos judiciales, pero cuestiona el retrato de un científico sin humor, desconectado de las relaciones sociales y dedicado exclusivamente a la lógica. El relato revela que también leía ficción contemporánea, ensayaba recursos narrativos y observaba con atención las diferencias de clase.

Dillon señala que Turing consigue trasladar al texto la vacilación de un encuentro entre desconocidos: la evaluación de señales ambiguas, el temor a avanzar demasiado y la posibilidad de retirarse. Según explicó en la información publicada por The Guardian el 24 de julio, esa dimensión psicológica contradice la figura rígida y antisocial consolidada por algunas dramatizaciones cinematográficas.

Ciencia y humanidades en una misma biografía

Turing formuló el concepto de máquina universal, contribuyó decisivamente al criptoanálisis británico durante la guerra y participó en el desarrollo de algunos de los primeros ordenadores. También investigó la inteligencia de las máquinas y los patrones matemáticos presentes en el crecimiento biológico. El manuscrito añade la literatura a esa trayectoria interdisciplinaria, aunque no convierte al científico en un escritor profesional ni permite juzgar cómo habría terminado la obra.

Para Dillon, el documento evidencia que ciencia y humanidades no funcionaban en Turing como mundos incompatibles. Su lectura de novelas le proporcionó recursos para interpretar experiencias personales, observar estructuras sociales y experimentar con voces ajenas. La investigación continuará en dos libros de la profesora dedicados a la relación de Turing con la literatura y a cómo sus lecturas influyeron en su pensamiento.

Un documento que exige contexto y prudencia

Turing murió en 1954, a los 41 años, por intoxicación con cianuro. La investigación judicial concluyó que se trató de un suicidio, aunque otros autores han planteado la posibilidad de un accidente. El manuscrito no permite resolver esa discusión ni debe utilizarse como diagnóstico retrospectivo de su estado mental. Su relevancia reside en documentar una faceta creativa durante un periodo marcado simultáneamente por persecución institucional y actividad intelectual.

El Gobierno británico se disculpó oficialmente por el trato dispensado a Turing en 2009, y la reina Isabel II concedió un indulto póstumo en 2013. El nuevo estudio desplaza el enfoque desde la reparación estatal hacia la voz del propio protagonista. Sin convertir seis páginas en una biografía completa, permite observar a Turing escribiendo sobre deseo, humor, clase y relaciones humanas con una libertad que la legislación de su tiempo le negaba en la vida pública.