EE. UU. e Irán acercan un acuerdo para reabrir Ormuz tras cinco meses de guerra
Trump anuncia avances después de una jornada completa
Donald Trump afirmó que las conversaciones desarrolladas durante todo el martes fueron “muy buenas” y permitieron acercar posiciones para terminar una guerra iniciada a finales de febrero. El presidente estadounidense anticipó que podría anunciarse un acuerdo durante el miércoles o el jueves, aunque no identificó a los negociadores ni explicó si los representantes de Washington y Teherán mantuvieron reuniones directas.
El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que se había registrado progreso, pero recalcó que el proceso aún no había terminado. La diferencia entre avances y acuerdo resulta esencial: ninguna de las partes ha difundido un documento conjunto, obligaciones concretas o un calendario vinculante para levantar las restricciones marítimas.
Trump aseguró también que el estrecho de Ormuz podría abrirse “muy pronto”. Al mismo tiempo, amenazó con reanudar los ataques si Irán abandona los compromisos discutidos.
La negociación se produjo después de que Washington suspendiera una operación militar de gran escala. Esa pausa redujo el peligro inmediato, pero nunca se convirtió en un alto el fuego formal: Estados Unidos mantiene su capacidad de ataque e Irán conserva fuerzas y aliados capaces de responder en distintos puntos de Oriente Próximo.
Un posible corredor administrado con Omán
Funcionarios conocedores de las conversaciones describieron a Associated Press una fórmula provisional para separar el tráfico de entrada y de salida. Irán controlaría un canal para los buques que navegan hacia el Golfo, mientras Omán gestionaría una ruta de salida y podría cobrar tarifas por el servicio.
El proyecto todavía estaba sujeto a negociación y las fuentes hablaron bajo condición de anonimato. Por tanto, no debe presentarse como un mecanismo aprobado. Quedan pendientes aspectos como la inspección de los barcos, el intercambio de información, la responsabilidad por incidentes y la protección de las embarcaciones que no pertenezcan a países participantes.
Omán mantiene relaciones funcionales con Irán, Estados Unidos y las monarquías árabes del Golfo, lo que le permite actuar como intermediario. Su posición geográfica también resulta relevante: la península de Musandam, perteneciente a Omán, forma parte de la ribera meridional del estrecho.
El emir de Catar, Tamim bin Hamad al Thani, habló con Trump y presentó los contactos como un avance hacia la reducción de la violencia. Associated Press reconstruyó las gestiones de Catar y Omán y las condiciones todavía pendientes.
Teherán no confirma una negociación directa
El portavoz iraní Esmaeil Baghaei sostuvo que Teherán mantiene conversaciones positivas con Omán sobre rutas seguras, pero evitó confirmar una negociación bilateral directa con Estados Unidos. La aparente contradicción puede responder a diferencias sobre el formato: Washington puede considerar negociación los mensajes intercambiados mediante mediadores, mientras Irán reserva esa denominación para una reunión oficial.
La distinción también tiene una dimensión política. Reconocer conversaciones bajo amenaza militar puede resultar costoso para el Gobierno iraní, mientras la Casa Blanca necesita demostrar que la presión produjo resultados. Sin información conjunta, ambas partes pueden presentar el mismo intercambio de forma diferente ante sus respectivas audiencias.
Los medios estatales iraníes advirtieron de que un acuerdo con Omán podría retrasarse si Estados Unidos mantiene sus amenazas. Teherán vincula la seguridad marítima con el final de los bombardeos y rechaza garantizar el tránsito mientras considere que su territorio continúa expuesto.
La ausencia de un canal público aumenta el riesgo de error. Un ataque contra un barco, una alerta equivocada o una acción realizada por un grupo aliado de Irán puede interrumpir el proceso antes de que los mediadores determinen qué ocurrió.
Ormuz sería la primera fase de un pacto más amplio
Trump explicó que la apertura del estrecho constituiría una primera fase. Una segunda abordaría el programa nuclear iraní, incluidas las actividades de enriquecimiento de uranio y las inspecciones internacionales.
El Organismo Internacional de Energía Atómica —OIEA— es la agencia de Naciones Unidas encargada de verificar que los materiales nucleares declarados no se desvíen hacia usos militares. Un acuerdo necesitaría precisar el acceso de sus inspectores, el estado de las instalaciones atacadas y el destino de las reservas de uranio enriquecido.
Irán sostiene que su programa persigue fines civiles y que conserva, como Estado parte del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, el derecho a desarrollar energía atómica. Washington reclama límites verificables que impidan acumular material suficiente para fabricar un arma.
Separar completamente el expediente marítimo del nuclear sería difícil. Irán utiliza el control de Ormuz como instrumento de presión; Estados Unidos relaciona cualquier alivio militar o económico con garantías más amplias sobre el comportamiento iraní.
Cinco meses de guerra y graves costes humanos
La guerra comenzó el 28 de febrero y se extendió mediante ataques directos, operaciones contra fuerzas aliadas de Irán y represalias sobre bases, puertos y rutas energéticas. Las autoridades iraníes cifran en más de 3.400 los muertos dentro del país, mientras Estados Unidos ha informado de 18 militares fallecidos. Ambos balances proceden de las partes beligerantes y no han podido verificarse integralmente de manera independiente.
La Organización Marítima Internacional —OMI, agencia especializada de Naciones Unidas— ha contabilizado al menos 17 marinos muertos en 64 incidentes relacionados con la navegación desde el comienzo del conflicto, según los datos citados por Reuters.
Antes de la guerra, aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados mundialmente atravesaba Ormuz. Su cierre parcial no necesita ser absoluto para producir consecuencias: basta con que navieras, aseguradoras o tripulaciones consideren excesivo el peligro.
El tráfico reducido afecta a exportadores como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait e Irak. También repercute sobre compradores de Asia y Europa mediante mayores costes de transporte, seguros y energía.
Un acuerdo todavía necesita reglas verificables
El primer indicador será la publicación de un comunicado aceptado por Estados Unidos, Irán y Omán. Después deberán conocerse las coordenadas de los corredores, las autoridades responsables, los criterios de inspección y el procedimiento para investigar ataques.
También será necesario aclarar si Washington suspenderá operaciones militares durante la aplicación y qué medidas adoptará Irán respecto de los grupos armados vinculados con Teherán. Un compromiso limitado a las fuerzas regulares dejaría abiertas importantes vías de escalada.
Una reapertura efectiva se mediría por el aumento sostenido del número de barcos y por la reducción de las primas de seguro, no únicamente por un anuncio presidencial. Los armadores necesitarán garantías operativas antes de enviar nuevamente petroleros y gaseros a una zona de combate.
Las conversaciones representan el avance diplomático más significativo de los últimos días, pero no han terminado la guerra. Washington y Teherán parecen aproximarse a un arreglo sobre Ormuz; todavía deben convertir mensajes indirectos y amenazas cruzadas en obligaciones escritas, verificables y suficientemente duraderas para recuperar la navegación.