La guerra amenaza dos rutas marítimas y eleva el riesgo energético en el mundo

EE. UU. ataca Irán por duodécima noche y hutíes golpean dos petroleros saudíes

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Estados Unidos completó durante la madrugada del 23 de julio su duodécima noche consecutiva de ataques contra objetivos militares iraníes. Simultáneamente, los hutíes de Yemen reivindicaron ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo, una escalada que amenaza el tráfico por Bab el-Mandeb cuando el tránsito energético a través del estrecho de Ormuz ya se encuentra gravemente afectado.

Estados Unidos prolonga su campaña militar

El Comando Central de Estados Unidos —CENTCOM, por sus siglas en inglés— aseguró que la última operación contra Irán duró cinco horas y alcanzó capacidades marítimas, almacenes de misiles y drones, puestos de vigilancia costera y sistemas de defensa aérea. El comunicado militar sostuvo que el propósito era reducir la capacidad iraní para atacar a marineros civiles y buques comerciales, aunque no publicó las ubicaciones exactas ni una evaluación independiente de los daños.

La operación concluyó a las 22:30 del miércoles 22 de julio en la costa este de Estados Unidos, las 04:30 del jueves en la España peninsular. Fue la duodécima noche consecutiva de ataques estadounidenses desde el derrumbe del último alto el fuego provisional.

El presidente Donald Trump advirtió que ordenaría atacar un puente o una central eléctrica iraní cada vez que fuerzas de Teherán dispararan contra un barco en Ormuz. El mando militar conjunto iraní respondió, según medios estatales citados por Reuters, que cualquier ofensiva contra infraestructura civil sería contestada con ataques sobre instalaciones petroleras, gasísticas, eléctricas y económicas de la región.

Irán anuncia represalias contra posiciones estadounidenses

Las autoridades iraníes afirmaron haber atacado sistemas de misiles, depósitos de combustible y posiciones estadounidenses en Jordania y Kuwait, incluidas las bases de Ali Al Salem y Camp Arifjan. Estas reivindicaciones proceden de Teherán y no disponían todavía de una verificación independiente completa al cierre de esta edición.

La guerra comenzó el 28 de febrero con ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior respuesta iraní sobre Israel y países del Golfo que albergan instalaciones estadounidenses. Desde entonces, las operaciones estadounidenses e israelíes en Irán y los ataques israelíes en Líbano han causado miles de muertes y millones de desplazamientos, según balances recopilados por Reuters. La cifra de militares estadounidenses fallecidos había ascendido a 18.

El aumento de las amenazas contra centrales eléctricas, puentes y otras infraestructuras añade una dimensión especialmente delicada. El derecho internacional humanitario prohíbe los ataques contra bienes civiles y exige protección adicional para instalaciones indispensables para la supervivencia de la población. La legalidad de cada operación depende, entre otros factores, de la naturaleza del objetivo, la proporcionalidad y las precauciones adoptadas.

Los hutíes abren un segundo frente marítimo

Mientras continuaban los ataques sobre Irán, los hutíes —el movimiento armado que controla parte de Yemen y mantiene vínculos con Teherán— afirmaron haber lanzado misiles y drones contra los petroleros Encelia y Layla. Presentaron las acciones como parte del bloqueo naval contra Arabia Saudí anunciado el 20 de julio.

Una fuente oficial saudí confirmó que el Encelia fue alcanzado y sufrió un incendio en la proa. El buque transmitió una llamada de socorro después del impacto de un proyectil cerca del puerto saudí de Jizán, según una fuente de seguridad marítima consultada por Reuters. La presunta ofensiva contra el Layla no había sido confirmada independientemente.

Cinco petroleros modificaron su trayectoria en el mar Rojo durante el miércoles y otros tres, cargados con crudo saudí para China e India, habían dado media vuelta el martes. Dos grandes petroleros con cuatro millones de barriles de petróleo saudí se dirigían el jueves hacia Bab el-Mandeb. Estos buques, conocidos como VLCC —siglas inglesas de “transportadores de crudo de gran tamaño”— pueden cargar alrededor de dos millones de barriles cada uno.

Ormuz y Bab el-Mandeb concentran el riesgo

El estrecho de Ormuz comunica el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye la salida marítima habitual para gran parte del petróleo y el gas del Golfo. Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y da acceso al canal de Suez. La afectación simultánea de ambos pasos reduce las alternativas disponibles para productores y navieras.

Arabia Saudí ha desviado millones de barriles diarios hacia el puerto occidental de Yanbu mediante su oleoducto Este-Oeste para evitar Ormuz. Sin embargo, si los barcos que cargan en Yanbu tampoco pueden cruzar con seguridad Bab el-Mandeb, deben navegar primero hacia el norte y atravesar Suez o asumir trayectos considerablemente más largos. Los desvíos elevan el consumo de combustible, los costes de flete y las primas de los seguros.

La reivindicación de un bloqueo no equivale por sí sola a un cierre material y sostenido del estrecho. Para imponerlo se necesita capacidad permanente de detección y ataque. No obstante, las decisiones de varias tripulaciones de cambiar de rumbo demuestran que una amenaza creíble puede reducir el tráfico incluso sin llegar a detenerlo completamente.

El conflicto se traslada a la economía mundial

La crisis ya ha impulsado la inflación energética y ha complicado el abastecimiento de los países que dependen del petróleo y el gas del Golfo. El Banco Mundial calculó que un conflicto prolongado durante seis meses o más podría reducir el crecimiento mundial de 2026 hasta el 1,3 %, frente al 2,9 % de 2025, y elevar la inflación general al 4,5 %. Es un escenario adverso de modelización, no una previsión definitiva. 

Las consecuencias potenciales van más allá del combustible. Las interrupciones afectarían a cargamentos de fertilizantes, azufre y helio, elevarían los costes agrícolas y podrían reforzar la presión sobre los tipos de interés. La Organización Marítima Internacional ya había pedido máxima contención y defendido la libertad de navegación y la protección de los marinos civiles ante los ataques anteriores en Ormuz.

Las variables decisivas serán el estado de los petroleros, la evolución diaria del tráfico en los dos estrechos y la respuesta de Irán a las amenazas contra su infraestructura. La combinación de ataques nocturnos, represalias regionales y presión sobre dos corredores energéticos convierte la escalada en un riesgo simultáneamente militar, humanitario y económico.