El plan Makatet abre empleo, educación y salud a más de un millón de refugiados
Makatet significa “inclusión” en amhárico. Su objetivo es reemplazar gradualmente el modelo basado únicamente en campamentos y asistencia humanitaria por uno en el que refugiados y comunidades anfitrionas utilicen servicios compartidos, accedan a oportunidades económicas y participen en la planificación territorial. No supone una concesión automática de nacionalidad ni elimina el estatuto jurídico de refugiado.
Más de un millón de personas bajo protección
Etiopía acoge a más de 1,1 millones de refugiados y solicitantes de asilo procedentes principalmente de Sudán, Sudán del Sur, Somalia y Eritrea. La ficha nacional de ACNUR señala que la mayoría vive en 24 campamentos distribuidos en cinco estados regionales, mientras más de 70.000 residen en Adís Abeba. Las mujeres y niñas representan aproximadamente el 47% de la población refugiada y los menores, cerca del 60%.
Uno de los principales focos de la iniciativa es Ura, en Benishangul-Gumuz, cerca de la frontera con Sudán. El asentamiento alberga a más de 14.500 sudaneses y combina servicios para refugiados y población local. Más de 45.000 personas han llegado a Etiopía huyendo del conflicto sudanés iniciado en abril de 2023, según ACNUR.
Documentación, educación, sanidad y trabajo
La estrategia incorpora a los refugiados a los sistemas nacionales de identificación, educación, atención sanitaria, empleo y servicios locales. La documentación es un componente decisivo: sin una identidad reconocida resulta difícil matricularse, obtener licencias, abrir una cuenta, formalizar un empleo o desplazarse dentro del país. Makatet pretende conectar esos ámbitos, en lugar de tratarlos como programas humanitarios separados.
El Gobierno también quiere transformar los campamentos tradicionales en asentamientos urbanos autosuficientes. El objetivo declarado es que las inversiones refuercen escuelas, centros sanitarios, agua, transporte y mercados utilizados por ambos grupos. La presentación oficial de Naciones Unidas define Makatet como una estrategia vinculante y organizada mediante planes territoriales en todas las regiones de acogida.
El empleo como vía hacia la autonomía
En Ura ya existen pequeños negocios gestionados por refugiados, desde tiendas y producción de perfumes hasta elaboración de alimentos. ACNUR documentó el caso de un comerciante sudanés que reconstruyó gradualmente su actividad y esperaba obtener una licencia para viajar y adquirir mercancías. Estos ejemplos no demuestran todavía el éxito general del programa, pero ilustran la clase de barreras administrativas que Makatet busca eliminar.
El alto comisionado Barham Salih vincula el proyecto con la visión “50 para 35” de ACNUR: reducir a la mitad, durante la próxima década, el número de refugiados atrapados en situaciones prolongadas y dependientes de la ayuda. La agencia considera que educación, empleo formal y documentación pueden convertir a los refugiados en contribuyentes económicos, mientras las comunidades anfitrionas reciben inversión en infraestructuras y servicios.
Financiación y seguridad, los principales límites
La ambición contrasta con la escasez de recursos. Durante su visita de junio, Salih afirmó que el campamento de Jewi disponía de un médico por cada 70.000 personas. La región de Gambela alberga a casi 450.000 refugiados sursudaneses y se preparaba para recibir hasta 100.000 nuevas llegadas durante 2026 por la reanudación de la violencia en Sudán del Sur.
También existe un problema de seguridad. Refugiados entrevistados en Ura manifestaron temor por la expansión regional de la guerra sudanesa y por la supuesta presencia de las Fuerzas de Apoyo Rápido —RSF, grupo paramilitar enfrentado al Ejército sudanés— cerca de Asosa. En Jewi se han denunciado ataques contra personas que salen del asentamiento para buscar comida o leña. La inclusión económica difícilmente prosperará sin libertad de movimiento y protección efectiva.
Una alternativa que todavía debe demostrar resultados
Etiopía presenta Makatet como una política de desarrollo nacional y no como un proyecto humanitario aislado. El enfoque se distancia de las estrategias centradas en la contención fronteriza y comparte principios con iniciativas como Shirika en Kenia, que también busca integrar campamentos y economías locales. Su principal innovación consiste en planificar conjuntamente para refugiados y residentes en lugar de crear sistemas paralelos.
El éxito dependerá de presupuestos verificables, reformas administrativas, derechos laborales efectivos, capacidad de las escuelas y hospitales, participación de los refugiados y mecanismos de rendición de cuentas. El lanzamiento del 18 de junio fijó la dirección política; la investigación del 21 de julio muestra tanto las expectativas como los obstáculos. Los próximos indicadores deberán medir licencias concedidas, empleo formal, matriculación educativa, documentación, acceso sanitario y mejora real de los servicios compartidos.