La deuda federal de Brasil sube a R$ 9,3 billones y aumenta su riesgo de tasas
El Tesoro Nacional divulgó los datos correspondientes a junio el miércoles 29 de julio. El acontecimiento estadístico y la publicación se produjeron ese mismo día, aunque el periodo medido había concluido un mes antes.
El volumen creció un 2,61% respecto de mayo, desde los 9,033 billones de reales comunicados en el balance anterior hasta alrededor de 9,3 billones, equivalentes entonces a unos 1,8 billones de dólares. El aumento se explica por 142.300 millones de reales de emisión neta —nuevos títulos vendidos por encima de los vencimientos pagados— y 93.500 millones incorporados como intereses.
La deuda pública federal reúne los títulos emitidos por el Tesoro dentro de Brasil y una parte menor de obligaciones externas. No es equivalente a la deuda bruta del Gobierno general calculada por el Banco Central, que utiliza una cobertura institucional y una metodología diferentes. Comparar directamente ambos valores produciría conclusiones incorrectas.
La Selic alcanza el 49,32% del total
Los instrumentos cuya remuneración varía con la Selic representaron el 49,32% del saldo en junio, frente al 48,99% de mayo. La proporción está muy cerca del límite superior del intervalo anual del Tesoro, fijado entre el 46% y el 50%. A finales de 2025 estos títulos suponían el 48,3%, según el balance oficial del Tesoro.
La Selic es la tasa básica de interés brasileña y orienta el rendimiento de múltiples créditos e inversiones. Los títulos públicos flotantes —denominados Letras Financeiras del Tesoro o LFT— actualizan su valor según esa referencia. Para el comprador ofrecen protección: si los intereses suben, la remuneración aumenta. Para el Estado implican el riesgo inverso, porque el coste se eleva sin necesidad de emitir una nueva deuda.
El Banco Central había reducido la Selic desde un máximo del 15% hasta el 14,25%, pero seguía siendo una de las tasas reales más elevadas entre las grandes economías. “Real” significa descontar la inflación esperada. Mientras ese diferencial permanezca alto, los títulos flotantes resultan atractivos para inversores que no desean asumir el riesgo de comprometerse durante años con una rentabilidad fija.
Por qué los inversores evitan los plazos largos
La tensión geopolítica en Oriente Medio, la volatilidad internacional y las dudas sobre la trayectoria fiscal brasileña han aumentado la demanda de activos líquidos y de corta exposición. En ese entorno, los compradores exigen primas elevadas para adquirir títulos a largo plazo con interés fijo o vinculado a la inflación.
Aceptar esas primas permitiría al Tesoro reducir la dependencia de la Selic, pero fijaría durante años un coste elevado. Ofrecer LFT facilita la financiación inmediata y evita pagar una rentabilidad fija excesiva. El intercambio consiste en asumir que el gasto por intereses seguirá variando junto con las futuras decisiones del Banco Central.
Las LFT representaron el 71% de las emisiones internas de junio, excluida la deuda en moneda extranjera, que supone cerca del 4% del total. La pauta continuó en julio: hasta el día 28, los títulos flotantes concentraban el 67,8% de lo emitido. Ya no se trata, por tanto, de una alteración aislada de un solo mes.
Una estrategia útil, pero con mayor sensibilidad
Brasil puede seguir financiándose en su propia moneda y conserva una base amplia de bancos, fondos, aseguradoras, fondos de pensiones e inversores particulares. Esa capacidad reduce el riesgo cambiario que sufriría un país dependiente de bonos en dólares. También permite al Tesoro mantener subastas incluso durante periodos de estrés.
Sin embargo, una deuda doméstica no es gratuita ni inmune al riesgo. Si la Selic permanece elevada, los intereses se incorporan mensualmente al saldo y aumentan las necesidades futuras de financiación. Si el Banco Central debe volver a subirla para contener la inflación o defender las expectativas, el coste de casi la mitad del pasivo reaccionará con rapidez.
En mayo, antes de la nueva subida, el Tesoro había informado que el “colchón” de liquidez alcanzaba 1,211 billones de reales, suficiente para cubrir aproximadamente 9,14 meses de vencimientos. Agência Brasil detalló el saldo, la reserva y la distribución por indexadores. Esa reserva permite afrontar perturbaciones sin depender por completo de una subasta concreta, pero debe reponerse mediante nuevas emisiones.
El plan anual se acerca a sus límites
El Plan Anual de Financiación prevé que la deuda cierre 2026 entre 9,7 y 10,3 billones de reales. También proyecta una necesidad neta de financiación de 1,677 billones, determinada principalmente por vencimientos de deuda interna. El saldo de junio continúa dentro de ese intervalo, aunque ya alcanzó su límite inferior con medio año por delante.
Helano Dias, responsable de operaciones de deuda del Tesoro, anticipó que la revisión prevista para septiembre probablemente elevará el intervalo permitido para los instrumentos ligados a la Selic. Modificar la meta no reduce el riesgo existente: adapta el plan a unas condiciones de mercado que impiden vender al ritmo deseado otros tipos de títulos.
La estrategia de largo plazo busca aumentar la participación de bonos prefijados y vinculados a índices de precios. Los primeros ofrecen certeza sobre el interés nominal; los segundos distribuyen el riesgo de inflación entre el Estado y los compradores. La concentración en títulos flotantes supone un retroceso temporal respecto de esa diversificación, aunque evita interrumpir la financiación.
Efectos sobre el presupuesto y la política monetaria
Los intereses de la deuda no se confunden con el resultado primario, que compara ingresos y gastos antes del coste financiero. Un Gobierno puede mejorar su balance primario y, aun así, registrar un déficit nominal elevado si los intereses son grandes. Por eso las decisiones de política monetaria y fiscal se conectan: una Selic alta combate la inflación, pero encarece el pasivo público.
El efecto presupuestario tampoco aparece íntegramente en el mes de emisión. Los intereses se acumulan y deberán pagarse o refinanciarse al vencimiento. Cuanto mayor sea el saldo vinculado a la Selic, más rápidamente se trasladan las variaciones de tipos a las cuentas federales y menor es la previsibilidad del coste.
Una bajada gradual de la inflación permitiría al Banco Central continuar reduciendo la tasa y aliviar el servicio de la deuda. El dato favorable del IPCA-15 publicado el 28 de julio refuerza esa posibilidad, aunque el Copom también analizará expectativas, política fiscal, servicios, energía y riesgos externos antes de cada decisión.
Qué debe observarse ahora
La revisión de septiembre mostrará si el Tesoro amplía oficialmente la banda del 50% y cómo ajusta sus objetivos de plazo medio, vencimientos y composición. También será necesario vigilar la demanda por bonos prefijados e indexados a la inflación, porque su recuperación indicaría una mayor disposición de los inversores a asumir horizontes largos.
El saldo de 9,3 billones no implica una crisis inmediata ni que Brasil haya perdido acceso al mercado. La señal relevante es cualitativa: para asegurar la demanda, el Estado acepta que una porción creciente de su deuda reaccione a una tasa todavía muy elevada. El desafío consiste en preservar la financiación sin convertir una solución de corto plazo en una dependencia estructural.