Mundial 2026: fiesta de 48 selecciones bajo fuerte clima de incertidumbre
El mayor Mundial de la historia, en el ojo del huracán
El torneo ampliado a 48 selecciones arrancará el 11 de junio en el Estadio Azteca de Ciudad de México y concluirá el 19 de julio en el MetLife Stadium, en Nueva Jersey, tras 104 partidos repartidos en 16 sedes de Estados Unidos, Canadá y México. Será la primera vez que una Copa del Mundo se dispute de forma conjunta en tres países y el grueso de los encuentros, 78 partidos, se jugarán en territorio estadounidense. FIFA y los organizadores locales presentan el evento como la “mayor cita deportiva jamás organizada”, con previsiones de asistencia que rondan los 6,5 millones de espectadores en los estadios.
Sin embargo, la cuenta atrás de 100 días ha puesto el foco menos en el calendario deportivo que en la acumulación de crisis que rodean al torneo, desde la seguridad en las ciudades anfitrionas hasta el impacto de las guerras y las tensiones geopolíticas en el ambiente que rodeará a la competición. Analistas de riesgo, ONG de derechos humanos y autoridades de seguridad coinciden en que la dimensión tricontinental del Mundial multiplica los desafíos logísticos, de orden público y de protección de aficionados, trabajadores y selecciones.
Violencia en México y presión sobre las sedes
México, que albergará partidos en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, atraviesa una nueva ola de violencia ligada al crimen organizado, con episodios recientes de bloqueos de carreteras, vehículos incendiados y ataques a comercios en el entorno de Guadalajara, una de las sedes mundialistas. La situación ha disparado especulaciones en redes sobre una posible cancelación de partidos en el país, lo que obligó a FIFA a desmentirlo públicamente y a reiterar su “plena confianza” en las autoridades mexicanas.
El presidente de FIFA, Gianni Infantino, ha asegurado que el Mundial “no será cancelado en México” y que el organismo cuenta con todas las garantías de seguridad necesarias por parte del Gobierno federal y de los estados anfitriones. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y los gobernadores de Jalisco y Nuevo León también han insistido en que los eventos se desarrollarán según lo previsto y que se reforzará el despliegue de fuerzas de seguridad alrededor de estadios, rutas de transporte y zonas turísticas.
Informes de consultoras de riesgo subrayan, no obstante, que la presencia de cárteles en áreas urbanas como Guadalajara o Monterrey añade una capa de complejidad: aunque estos grupos no tienen incentivos claros para atacar directamente los partidos, pueden aprovechar el volumen de visitantes para actividades de extorsión, tráfico de drogas o lavado de dinero en el entorno del torneo. Las autoridades mexicanas trabajan con FIFA en planes específicos de control de accesos, vigilancia de inteligencia y corredores seguros para los desplazamientos de equipos y aficionados entre estadios, hoteles y zonas de ocio.
Estados Unidos: advertencias en el Congreso y amenazas emergentes
En Estados Unidos, principal anfitrión del Mundial con 11 sedes, responsables de seguridad han advertido ante el Congreso de carencias en la coordinación entre agencias locales, estatales y federales, pese a que faltan poco más de tres meses para el inicio del torneo. En una audiencia reciente, expertos en seguridad interior alertaron sobre riesgos vinculados a amenazas con drones, trata de personas, ciberdelincuencia y la posible presencia de agentes de inmigración en los estadios, que podría disuadir a parte del público internacional.
Mike Sena, presidente de la National Fusion Center Association, afirmó ante legisladores que el país “no está ni cerca de la capacidad necesaria” para afrontar un evento de esta magnitud si la preparación se compara con otros grandes acontecimientos celebrados en años anteriores. Organizaciones especializadas en gestión de riesgos apuntan que la dispersión geográfica de las sedes —desde Seattle hasta Miami, pasando por Nueva York, Dallas o Los Ángeles— obliga a desplegar decenas de miles de agentes de seguridad y voluntarios, además de sistemas de respuesta rápida ante incidentes en espacios públicos, fan zones y vías de transporte.
A ello se suma un contexto político interno polarizado, con posibles protestas relacionadas con políticas migratorias, derechos civiles o gasto público, que podrían coincidir con jornadas de partidos y concentrar grandes aglomeraciones en las inmediaciones de los estadios. Los expertos recomiendan a empresas y aficionados planificar con antelación rutas alternativas, tiempos de desplazamiento más amplios y protocolos básicos de seguridad personal ante protestas o bloqueos de tráfico.
Canadá y el foco en derechos humanos
Canadá, que acogerá partidos en Vancouver y Toronto, afronta un panorama de riesgo menor en términos de violencia criminal, pero no está exenta de desafíos. Organizaciones sociales han señalado que el Mundial podría ser escenario de protestas de comunidades indígenas y movimientos ambientalistas, en línea con manifestaciones previas en grandes eventos deportivos en el país.
ONG como Amnistía Internacional han alertado de que la Copa del Mundo se desarrollará en un momento de “crecientes ataques a los derechos humanos” a nivel global, y han puesto el foco en políticas como las migratorias en Estados Unidos, que incluyen detenciones, restricciones de visado y programas especiales de deportación que podrían afectar a aficionados y familias de jugadores. Los grupos de derechos humanos reclaman a FIFA y a los tres gobiernos anfitriones compromisos más concretos para proteger a trabajadores, hinchas LGTBIQ+, comunidades racializadas y personas migrantes frente a discriminación o abusos durante el torneo.
Tensiones geopolíticas y riesgo de protestas
La Copa del Mundo de 2026 se celebrará en medio de un escenario internacional marcado por conflictos armados y relaciones diplomáticas tensas, que podrían trasladarse a las gradas y a las calles. A los impactos de las guerras en Ucrania y Gaza se suman recientes ataques y represalias en Oriente Medio, así como tensiones entre grandes potencias que afectan a los desplazamientos de selecciones y aficionados de determinados países.
Informes especializados prevén protestas contra gobiernos y empresas patrocinadoras, tanto en México como en Estados Unidos y Canadá, aprovechando la visibilidad global del torneo para denunciar cuestiones como el gasto público en infraestructuras, la gentrificación en barrios cercanos a los estadios o las políticas climáticas. Las autoridades contemplan la posibilidad de concentraciones pacíficas, pero también escenarios de enfrentamientos puntuales entre manifestantes y fuerzas de seguridad que puedan provocar cortes de carreteras, retrasos en los accesos a los estadios y cambios de última hora en actividades de fan zones.
FIFA ha insistido en que se respetará el derecho a la protesta pacífica dentro del marco legal de cada país, pero, al mismo tiempo, ha recordado que mantendrá estrictas normas sobre exhibición de mensajes políticos en el interior de los estadios para evitar incidentes durante los partidos. La organización ha reiterado que su prioridad es garantizar la seguridad de jugadores, árbitros, aficionados y personal de servicios en las tres naciones anfitrionas.
Demanda récord de entradas y desafíos logísticos
Pese al clima de incertidumbre, la demanda de entradas se mantiene en niveles históricos. Infantino ha destacado la “sin precedentes” respuesta del público en la fase inicial de venta de boletos, impulsada por el atractivo del nuevo formato de 48 selecciones y por la presencia de figuras como Lionel Messi, que afrontará su sexto Mundial con casi 39 años.
La ampliación del torneo ha obligado a rediseñar el calendario con una fase de grupos extendida y una ronda de dieciseisavos, lo que se traduce en 104 partidos en 39 días, con un calendario muy comprimido que exigirá rotaciones de plantillas y generará una intensa carga de viajes intercontinentales para equipos y hinchas. Ciudades como Dallas, Atlanta, Miami o Nueva York combinarán partidos de fase final con una alta actividad turística, lo que pone presión adicional sobre aeropuertos, red hotelera y transporte público.
Empresas de análisis de riesgo recomiendan a los viajeros revisar con frecuencia las actualizaciones de seguridad de las autoridades locales, contratar seguros de viaje que cubran cancelaciones por disturbios y prever reservas flexibles en hospedaje y vuelos, dado el potencial impacto de protestas, huelgas o incidentes de orden público en la logística del evento. Las autoridades estiman el despliegue de decenas de miles de efectivos policiales y de seguridad privada, además de más de 60.000 voluntarios vinculados a la organización del torneo en las tres sedes nacionales.
Entre la fiesta global y la incertidumbre
Con el calendario confirmado, el balón está llamado a acaparar el protagonismo a partir del 11 de junio, con Argentina defendiendo título ante potencias como Francia y España en un formato inédito. Pero el éxito del Mundial 2026 dependerá también de la capacidad de FIFA y de los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México para contener la ola de crisis de seguridad, sociales y geopolíticas que, a 100 días del inicio, siguen proyectando sombras sobre la mayor Copa del Mundo de la historia.