Ocho Paranthropus caminaron juntos hace 1,4 millones de años en norte de Kenia
Una superficie descubierta hace casi medio siglo
La investigación apareció el 27 de julio de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences —PNAS—, coincidiendo con su divulgación por el Smithsonian y la Sociedad Max Planck. El acontecimiento reciente es la publicación del análisis, no el descubrimiento físico de las primeras huellas, realizado en 1978. El Smithsonian reconstruye la cronología completa del yacimiento, mientras que la Sociedad Max Planck resume los resultados y sus límites.
Kay Behrensmeyer, geóloga y paleontóloga del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, encontró inicialmente una depresión redondeada durante una excavación destinada a estudiar las capas geológicas de East Turkana. Era una huella de hipopótamo. Al limpiar la misma superficie, su equipo identificó dos impresiones producidas por homínidos, término que engloba a los humanos actuales y a nuestros parientes evolutivos más próximos.
La zona, denominada GaJi10, fue cubierta nuevamente con arena para protegerla. Los investigadores regresaron en 2016 y 2023, cuando ampliaron la excavación y descubrieron que la superficie conservaba 21 huellas correspondientes a ocho individuos, además de rastros de hipopótamos, antílopes y otros animales.
Una escena fechada mediante ceniza volcánica
Las capas de ceniza volcánica situadas alrededor del nivel de pisadas permitieron fecharlo en aproximadamente 1,43 millones de años, durante el Pleistoceno temprano. En aquel momento, la ribera del lago estaba habitada por cocodrilos, elefantes y, al menos, dos especies de homínidos: Paranthropus boisei y Homo erectus.
Una superficie de huellas puede formarse en horas o días y quedar después sepultada. Por eso ofrece una escala temporal mucho más precisa que una acumulación de huesos dispersos durante siglos. Las 21 pisadas representan movimientos realizados sobre un mismo suelo húmedo, aunque no permiten determinar si los ocho individuos caminaban en una formación organizada o llegaron con pequeños intervalos.
El artículo científico, titulado New insights into hominin body size, locomotion, and behavior from Early Pleistocene trackways in northern Kenya, está identificado con el DOI 10.1073/pnas.2530996123. El equipo fue encabezado por Kevin Hatala, de la Universidad de Chatham y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.
Un cuerpo mayor de lo esperado
La mayor parte de los fósiles conocidos de P. boisei son cráneos y mandíbulas. Su rostro ancho, grandes molares y potentes músculos masticadores le valieron la descripción informal de homínido “robusto”, pero la escasez de huesos situados por debajo del cuello dificultaba calcular su estatura y masa.
Los investigadores compararon la forma, profundidad, longitud y patrón de movimiento de las huellas con pisadas humanas experimentales y con rastros atribuidos anteriormente a Homo erectus y Paranthropus. El modelo favoreció la segunda identificación por características relacionadas con la anatomía del pie y la locomoción.
Las impresiones mayores sugieren estaturas de hasta 1,8 metros y masas próximas a 75 kilogramos. Son dimensiones semejantes a las de muchos humanos modernos y superiores a varias estimaciones anteriores para P. boisei. El dato indica que esta especie y H. erectus podían tener tamaños corporales comparables mientras ocupaban el mismo entorno.
Las cifras son estimaciones estadísticas, no mediciones directas de esqueletos completos. La relación entre el tamaño del pie, la estatura y el peso varía entre individuos, y las huellas pueden deformarse según la humedad y consistencia del sedimento.
Ocho adultos en una misma orilla
El tamaño de las pisadas llevó al equipo a interpretar que todos los individuos eran adultos y que la mayoría probablemente eran machos. Su desplazamiento conjunto resulta llamativo porque ciertos modelos, basados en primates actuales y diferencias corporales inferidas, habían imaginado grupos dominados por un macho, varias hembras y crías.
Neil Roach, investigador de la Universidad de Harvard y coautor, plantea que varios machos pudieron tolerarse temporalmente para reducir riesgos en un ambiente con grandes depredadores. También es posible que pertenecieran a una estructura social más amplia o que coincidieran en un recurso importante de la ribera.
Las huellas no demuestran por sí mismas parentesco, cooperación estable ni jerarquías. Tampoco conservan hembras o niños en esa superficie, pero su ausencia no significa que no vivieran cerca. La conclusión verificable es más limitada: ocho adultos de la misma especie utilizaron una zona muy próxima dentro de un intervalo breve.
Un archivo creciente junto al lago Turkana
En 2024, parte del mismo equipo describió otro nivel de huellas que preservaba rastros de Homo erectus y P. boisei en el mismo paisaje. La nueva investigación amplía ese registro y aporta información corporal y conductual que los dientes y mandíbulas no podían proporcionar.
Ya se han documentado centenares de pisadas en más de media docena de puntos de East Turkana, separados por hasta 40 kilómetros y formados durante un periodo superior a 100.000 años. La repetición indica que las orillas eran espacios importantes, probablemente por el acceso al agua, la vegetación y los animales disponibles como alimento, aunque también implicaban riesgos.
El equipo prevé regresar a Kenia para identificar las condiciones geológicas que favorecieron la conservación. Purity Kiura, de los Museos Nacionales de Kenia, destacó que el conjunto refuerza la importancia del país para estudiar la evolución humana y la necesidad de proteger un patrimonio extremadamente vulnerable a la erosión.
Cada nueva superficie funciona como una fotografía incompleta del pasado. GaJi10 no permite reconstruir toda la organización social de Paranthropus, pero demuestra que estos homínidos eran mayores de lo supuesto y que varios adultos podían compartir la misma orilla.