Micología | El hongo de las hormigas zombi también vive oculto dentro del musgo

El hongo que manipula hormigas también vive oculto dentro de musgos amazónicos

Imagen de referencia creada con IA
Investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia detectaron ADN de hongos Ophiocordyceps dentro de musgos y hepáticas de la reserva Adolpho Ducke, cerca de Manaos. El resultado indica que el parásito de las llamadas hormigas zombi posee una fase endofítica vegetal hasta ahora inadvertida.

Cuarenta y cinco muestras revelan una vida escondida

La investigación recibió difusión internacional el 30 de julio de 2026 y fue publicada en la revista IMA Fungus. El estudio se realizó en la Reserva Forestal Adolpho Ducke, al norte de Manaos, una extensa área amazónica administrada por el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia, conocido como INPA.

El artículo, Metabarcoding reveals a hidden endophytic stage of the “zombie-ant” fungus in Amazonian mosses, está disponible mediante el DOI 10.3897/imafungus.17.196998. La divulgación científica de Pensoft publicada el 30 de julio recoge la interpretación de los autores y las observaciones realizadas en la reserva.

Tales Alves-Júnior y sus colaboradores analizaron 45 bibliotecas genéticas procedentes de hongos, insectos infectados y briófitas. Este último grupo incluye musgos y hepáticas: plantas pequeñas, sin flores ni verdaderas raíces, que forman capas húmedas sobre el suelo, troncos y otras superficies del bosque.

La secuenciación identificó 2.277 taxones de hongos dentro del conjunto de muestras. Entre ellos aparecieron repetidamente linajes de Ophiocordyceps especializados en parasitar hormigas, incluso en vegetación situada a más de diez metros de cualquier insecto infectado visible.

De la infección a la llamada mordida de la muerte

El género Ophiocordyceps reúne más de 350 especies conocidas. Muchas atacan insectos concretos. Las más célebres infectan hormigas, crecen dentro de su cuerpo y alteran su comportamiento antes de matarlas y producir estructuras desde las que liberan esporas.

Una hormiga afectada puede abandonar la colonia, ascender por la vegetación y fijar las mandíbulas a una hoja, tallo o briófita. Esa sujeción final, conocida popularmente como “mordida de la muerte”, mantiene el cadáver en una posición con humedad, temperatura y altura favorables para el desarrollo del hongo.

La manipulación no convierte al insecto en un muerto resucitado. “Hormiga zombi” es una metáfora divulgativa: durante la fase final de la infección, señales químicas y alteraciones musculares producidas por el parásito interfieren en el comportamiento de un animal todavía vivo.

En la Amazonia, los especialistas ya habían observado que determinadas hormigas infectadas buscaban musgos para realizar esa mordida. Lo desconocido era que el mismo linaje fúngico pudiera estar viviendo silenciosamente dentro de aquellas plantas antes o al margen de la llegada del insecto.

ADN del parásito dentro de las briófitas

El equipo tomó cuatro tipos de muestras: tejido del hongo procedente del insecto; hojas de briófitas en el punto exacto de la mordida; vegetación situada al menos cinco centímetros alrededor; y musgos o hepáticas recogidos a más de diez metros dentro de la misma localidad.

Después extrajo ADN total y amplificó una región del gen TEF1-α, utilizada para diferenciar numerosos grupos de hongos. Los fragmentos se secuenciaron mediante tecnología Oxford Nanopore y fueron comparados para reconstruir la comunidad microscópica presente en cada muestra.

Este procedimiento se denomina metabarcoding. A diferencia del cultivo tradicional, que exige aislar y hacer crecer cada organismo, permite leer simultáneamente los códigos genéticos de muchas especies presentes en una muestra ambiental.

Las secuencias relacionadas con Ophiocordyceps camponoti-nidulantis y Ophiocordyceps kniphofioides aparecieron tanto en sus insectos hospedadores como dentro de las briófitas. La primera parasita hormigas Camponotus nidulans; la segunda se asocia con hormigas del género Cephalotes.

Una fase endofítica amplía el ciclo del hongo

Un endófito es un organismo que vive dentro de los tejidos de una planta sin producir necesariamente síntomas visibles. Numerosos hongos mantienen relaciones de este tipo durante una parte de su ciclo y se comportan como parásitos, descomponedores o colaboradores en otras circunstancias.

En 2020 ya se había documentado que Ophiocordyceps sinensis, el hongo conocido comercialmente como “oro del Himalaya”, podía vivir dentro de plantas alpinas. El resultado amazónico añade una particularidad: afecta a linajes capaces de manipular insectos para que se sujeten precisamente a vegetación que alberga al mismo hongo.

La presencia a más de diez metros de los cadáveres reduce la probabilidad de que todas las señales procedan simplemente de esporas caídas desde un insecto cercano. Además, las comunidades aparecieron estructuradas y repetidas en diferentes muestras.

Aun así, detectar ADN no equivale a observar directamente células fúngicas activas dentro de cada planta. Parte del material podría proceder de esporas o fragmentos microscópicos. El estudio respalda con fuerza la fase endofítica, pero serán necesarios cultivos, microscopía y análisis de expresión genética para conocer su actividad.

Una relación posible entre hongo, hormiga y planta

Si el hongo permanece dentro de los musgos, la planta podría funcionar como refugio cuando escasean los insectos adecuados. También podría facilitar el contacto con nuevas hormigas o proporcionar condiciones ambientales favorables para la germinación y el crecimiento.

Los autores plantean además que la asociación vegetal podría ayudar a explicar la fidelidad de ciertos parásitos a lugares concretos de mordida. Esa posibilidad no significa que el musgo “ordene” a la hormiga ni que se haya identificado una señal química enviada por la planta.

La manipulación podría depender de una interacción triangular: el hongo afecta al insecto, pero su historia previa dentro de la planta influye en el lugar donde completa el ciclo. Probarlo exigirá comparar hormigas infectadas en presencia y ausencia de briófitas colonizadas y determinar si reconocen compuestos específicos.

También falta saber si la convivencia beneficia, perjudica o resulta indiferente al musgo. Una relación endofítica puede cambiar según la humedad, los nutrientes y el estado de la planta. El mismo microorganismo puede permanecer discreto durante meses y comportarse de otra forma cuando cambian las condiciones.

El siguiente paso será ver al hongo vivo

Los investigadores necesitarán aislar Ophiocordyceps desde tejidos vegetales esterilizados superficialmente. Así podrán descartar contaminación externa y comprobar si el organismo crece, metaboliza y se reproduce dentro de la briófita.

La microscopía permitiría localizar hifas —los filamentos que componen el cuerpo del hongo— entre las células del musgo. Los análisis químicos podrían buscar sustancias compartidas entre la fase vegetal y la manipulación de la hormiga.

El hallazgo tampoco permite afirmar que las más de 350 especies del género posean el mismo ciclo. La especialización entre hongos e insectos es elevada, y cada bosque combina especies, temperaturas y comunidades vegetales diferentes.

La imagen que emerge es más compleja que la historia conocida del parásito que controla una hormiga. El mismo organismo podría alternar entre un insecto móvil y una planta diminuta e inmóvil, utilizando ambos ambientes para completar un ciclo que hasta ahora solo se había observado a medias.