Arqueología | En Éfeso, dos bebés recibieron cuidadosa sepultura en una letrina

Dos bebés, quizá gemelos, fueron enterrados con cuidado en una letrina de Éfeso

Imagen de referencia creada con IA
El nuevo análisis de una tumba medieval descubierta en el odeón romano de Éfeso, en la actual Turquía, indica que dos bebés fallecidos durante el periodo perinatal —posiblemente gemelos— fueron depositados cuidadosamente dentro del canal de una letrina que llevaba siglos abandonada. El lugar, lejos de revelar un descarte, protegió una sepultura preparada con tierra, piedras, tejas y probables sudarios.

Una investigación reciente sobre un hallazgo anterior

La investigación recibió nueva difusión periodística el 2 de agosto de 2026, pero no corresponde a una excavación realizada ese día. La Academia Austríaca de Ciencias había presentado los resultados el 23 de julio y el artículo científico ya estaba disponible en la revista Childhood in the Past. La institución explica la localización, la cronología y el tratamiento funerario.

El trabajo fue realizado por Caroline Partiot y Lilli Zabrana, del Instituto Arqueológico Austríaco. Su artículo, Peace in Unexpected Places: The Middle Byzantine Burial of Two Perinates, Possibly Twins, in a Latrine Canal of the Odeion in the Artemision of Ephesos, puede consultarse mediante el DOI 10.1080/17585716.2026.2682804.

La ampliación periodística publicada el 2 de agosto incorporó detalles sobre la preparación de la tumba, la estimación de la edad gestacional y una anomalía anatómica extremadamente rara. La fecha reciente corresponde, por tanto, a esta nueva divulgación; el enterramiento ocurrió entre los siglos VIII y IX y la excavación es anterior.

Un teatro romano convertido en espacio funerario

La tumba apareció dentro del odeón del Artemision de Éfeso. Un odeón era un edificio cubierto o parcialmente cubierto destinado a conciertos, discursos y reuniones. Este fue construido durante el siglo I y recibió una letrina pública aproximadamente cien años después.

Un incendio dañó gravemente el complejo. Tras su abandono, algunas zonas se utilizaron para depositar cerámica rota y restos de carnicería. Cuando los dos bebés fueron enterrados, el canal de la letrina llevaba varios siglos sin transportar aguas residuales.

Este dato resulta esencial para interpretar el hallazgo. La palabra “letrina” puede sugerir abandono o desprecio desde una perspectiva contemporánea, pero el espacio había perdido completamente su función sanitaria. El antiguo conducto ofrecía una cavidad protegida, discreta y estructuralmente estable.

Además, el odeón se encontraba dentro del antiguo recinto sagrado asociado con el templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo. No se sabe si ese pasado religioso todavía tenía significado para la familia durante el periodo bizantino, pero el emplazamiento pudo ser considerado más apropiado que un espacio doméstico cualquiera.

Una tumba preparada, no un descarte

Las investigadoras documentaron una pequeña cista: una estructura funeraria delimitada con piedras y materiales cerámicos. En su interior, los dos individuos habían sido colocados juntos sobre una capa de tierra llevada deliberadamente desde otro lugar.

La disposición anatómica sugiere que probablemente estuvieron envueltos en sudarios. La tela desapareció por la acción del tiempo y del suelo, pero la posición de los huesos permite reconstruir cómo se mantuvieron los cuerpos mientras se descomponían.

Ese conjunto de decisiones —transportar tierra, acondicionar el canal, construir una delimitación y colocar juntos a los bebés— llevó a las autoras a descartar que los cuerpos fueran simplemente arrojados. La sepultura revela planificación y una preocupación por protegerlos.

La ubicación poco convencional terminó cumpliendo esa función durante más de mil años. El canal aisló el enterramiento de remodelaciones posteriores y de numerosas alteraciones sufridas por otras áreas de Éfeso.

Dos nacimientos prematuros y una hipótesis de gemelos

Las mediciones de los huesos largos indican que ambos individuos tenían un desarrollo semejante. Las investigadoras estiman que nacieron alrededor de seis semanas antes de completar una gestación ordinaria, aunque no puede determinarse con seguridad si llegaron a respirar.

En bioarqueología, la categoría perinatal abarca el periodo inmediatamente anterior, simultáneo o posterior al nacimiento. Los huesos de individuos tan pequeños son frágiles y rara vez se conservan completos, lo que limita la precisión de las estimaciones.

La similitud en edad, tamaño, fecha de enterramiento y disposición sustenta la posibilidad de que fueran gemelos. Sin ADN o indicios independientes de parentesco, la interpretación continúa siendo una hipótesis y no una identificación confirmada.

Los embarazos múltiples elevan el riesgo de parto prematuro y mortalidad perinatal incluso con atención médica moderna. En la Éfeso medieval, una gestación gemelar habría planteado dificultades todavía mayores para los bebés y para la persona que los dio a luz.

Una costilla cervical de solo cinco milímetros

Entre los restos apareció una costilla adicional originada en una vértebra del cuello. La pieza mide aproximadamente cinco milímetros y constituye, según el estudio, el segundo caso conocido de una costilla cervical identificada en un bebé procedente de un contexto arqueológico.

Estas costillas aparecen cuando una estructura que normalmente forma parte de la vértebra se desarrolla como un hueso independiente. En personas adultas pueden no producir síntomas, aunque en ocasiones comprimen nervios o vasos sanguíneos.

Su presencia en un individuo perinatal puede asociarse con alteraciones del desarrollo y distintos problemas congénitos. Sin embargo, la diminuta costilla no permite establecer por sí sola la causa de la muerte ni demuestra que los dos bebés compartieran una enfermedad.

Tampoco confirma el parentesco. El hallazgo aporta información sobre el desarrollo de uno de los individuos, pero atribuirlo automáticamente a una condición hereditaria exigiría pruebas genéticas que la publicación no presenta.

Por qué no fueron llevados a un cementerio

Las prácticas funerarias bizantinas variaban según la edad, el bautismo, la posición familiar y las tradiciones locales. Los bebés que morían antes de recibir el sacramento podían quedar excluidos de determinadas zonas consagradas, aunque las reglas y su aplicación cambiaron entre comunidades y periodos.

Partiot y Zabrana proponen que la falta de bautismo es una explicación posible, no una conclusión demostrada. Los recién nacidos solían ser bautizados después de sobrevivir las primeras semanas, intervalo que estos dos individuos probablemente no alcanzaron.

El antiguo recinto de Artemisa pudo ofrecer una alternativa simbólica o simplemente un lugar seguro y disponible. La arqueología conserva la estructura de la tumba, pero no las palabras, creencias o emociones de quienes la prepararon.

El descubrimiento corrige una interpretación simplista de los enterramientos infantiles en lugares marginales. Una sepultura situada fuera de un cementerio no implica necesariamente indiferencia: el cuidado material puede revelar duelo y protección incluso cuando las normas impidieron utilizar el espacio habitual.

Lo que todavía puede investigarse

Un análisis genético podría comprobar si los dos individuos eran hermanos o gemelos, siempre que el ADN se haya conservado y su estudio sea autorizado. Los resultados también podrían determinar su sexo cromosómico y buscar algunas alteraciones hereditarias.

Los isótopos presentes en los huesos aportan información más limitada en individuos que vivieron tan poco tiempo, pero podrían compararse con la población local. El sedimento trasladado a la cista también puede estudiarse para determinar su procedencia.

Cualquier análisis futuro deberá equilibrar el conocimiento científico con el tratamiento respetuoso de restos infantiles. Por esta razón, la imagen editorial adjunta representa exclusivamente el contexto arquitectónico y la documentación de una estructura cerrada.

La conclusión verificable es profundamente humana: en los siglos VIII o IX, alguien convirtió un conducto romano abandonado en un espacio protegido, preparó una pequeña tumba y depositó juntos a dos bebés cuya relación exacta quizá nunca pueda conocerse.