Angola rescata entierros fechados del siglo XV antes de que los cubra una presa
Una nueva difusión de un estudio publicado en febrero
Phys.org publicó el 26 de julio de 2026 un reportaje ampliado sobre la investigación arqueológica de Caculo Cabaça. El trabajo académico que sustenta la noticia apareció en línea el 11 de febrero en el Journal of Field Archaeology y fue incluido posteriormente en el volumen 51 de la revista.
La diferencia temporal es relevante: la novedad de las últimas 24 horas es la divulgación detallada del hallazgo, no la excavación ni la primera publicación del estudio.
Caculo Cabaça se encuentra en el valle medio del río Cuanza, en Angola. La construcción de un gran aprovechamiento hidroeléctrico obligó a desarrollar arqueología de rescate, es decir, investigaciones realizadas antes de que una obra transforme o cubra definitivamente un yacimiento.
Ciento diecisiete agrupaciones de piedra
El equipo registró 117 conjuntos de estructuras y excavó 65 de manera individual. Entre ellas había túmulos —montículos de piedra levantados sobre enterramientos—, plataformas, cimientos y muros construidos sin mortero.
Según el artículo científico, constituyen la evidencia más antigua conocida de arquitectura de piedra seca en la región central de Angola. Las construcciones formaban un paisaje donde convivían espacios funerarios, áreas domésticas y actividades relacionadas con la producción de hierro.
Seis túmulos contenían restos humanos. Las fechas de radiocarbono sitúan algunos entierros en las primeras décadas del siglo XV, antes de la llegada portuguesa a la región. Son los contextos funerarios datados directamente más antiguos documentados hasta ahora en Angola.
El estudio, titulado First Evidence of Burial Practices and Stone Constructions from the 15th Century A.D. Pre-Colonial Middle Cuanza River, Angola, puede consultarse mediante el DOI 10.1080/00934690.2026.2623354.
Entierros sentados y una cremación excepcional
Algunas personas habían sido depositadas de lado. Otras aparecieron sentadas, con las rodillas flexionadas hacia el cuerpo. Esta última postura se ha relacionado en determinadas tradiciones angoleñas con jefaturas y figuras de alto rango, pero la directora del estudio, Sofia Mateus Simplício D’Oliveira, pide evitar conclusiones automáticas.
Los entierros sentados no estaban acompañados por grandes concentraciones de objetos prestigiosos. Entre los materiales asociados figuraban cerámicas, piedras de molienda y escoria de hierro. La combinación plantea que el significado de la postura pudo depender de identidades, actividades o tradiciones que no equivalen directamente a riqueza material.
Las herramientas para moler suelen vincularse con tareas domésticas y, en numerosas comparaciones etnográficas, con trabajo realizado por mujeres. No obstante, un objeto asociado a una sepultura no permite determinar por sí solo el sexo, la ocupación o el rango de la persona.
El equipo documentó también una cremación, la única de carácter arqueológico conocida hasta ahora en Angola. El hallazgo no prueba que la cremación fuera una práctica generalizada: precisamente su singularidad aconseja examinarla como un tratamiento excepcional dentro del conjunto.
Un asentamiento anterior al contacto portugués
La cronología sitúa el lugar en una etapa clave de la historia regional, décadas antes de los primeros contactos sostenidos con Portugal. Gran parte del conocimiento escrito sobre Angola comienza con fuentes coloniales, lo que deja periodos anteriores representados principalmente mediante tradición oral y arqueología.
Caculo Cabaça muestra que las comunidades del curso medio del Cuanza construían estructuras pétreas, trabajaban el hierro y organizaban espacios funerarios complejos antes de esa llegada. El paisaje no estaba dividido de manera rígida entre «aldea» y «cementerio»: las evidencias domésticas, productivas y funerarias aparecen relacionadas espacialmente.
Las cerámicas recuperadas permiten comparar estilos y tecnologías con otros puntos de África central y meridional. La escoria aporta información sobre producción metalúrgica, mientras que las piedras de molienda ayudan a reconstruir actividades cotidianas.
El repositorio académico de la Universidad de Gante conserva la referencia completa, autores, páginas y resumen del artículo. Entre las instituciones participantes figuran el Museo Nacional de Arqueología de Benguela, centros franceses y la propia Universidad de Gante.
La presa que aceleró la investigación
El complejo fue estudiado porque parte del área quedará afectada por el embalse asociado con la central hidroeléctrica. La arqueología de rescate trabaja con un plazo impuesto: una vez inundados o removidos los sedimentos, la disposición original ya no podrá estudiarse.
Esa urgencia exige cartografiar, fotografiar, excavar y conservar materiales en poco tiempo, pero no justifica retirar indiscriminadamente todos los objetos. Los arqueólogos deben decidir qué zonas aportan más información y cuáles pueden documentarse sin una excavación completa.
La pérdida física no será total. El equipo ha identificado estructuras situadas fuera de la futura zona inundada, donde podrán continuar las investigaciones. Los objetos recuperados, las muestras y los modelos digitales preservarán parte del contexto, aunque ningún registro sustituye por completo al paisaje original.
El proyecto hidroeléctrico busca ampliar la producción energética angoleña. La investigación arqueológica no resuelve el debate entre infraestructura y patrimonio, pero muestra el coste cultural que debe documentarse y reducirse antes de modificar un territorio.
Cómo se protege un contexto funerario
Los restos humanos exigen un tratamiento ético distinto del aplicado a fragmentos cerámicos o escoria. Deben conservarse de manera respetuosa, con participación de instituciones angoleñas y atención a las comunidades relacionadas con el territorio.
Las fotografías y reconstrucciones destinadas al público también requieren cautela. Por esa razón, la imagen editorial que acompaña este borrador representa las estructuras de piedra y el trabajo de documentación, sin exhibir cuerpos ni huesos.
Los análisis futuros podrían incluir estudios biológicos, isotópicos y genéticos, siempre que sean autorizados. Los isótopos presentes en dientes y huesos pueden aportar indicios sobre alimentación y movilidad; el ADN antiguo podría revelar parentescos, aunque su conservación en climas cálidos suele ser difícil.
La investigadora principal subraya que el descubrimiento no se reduce a una colección de tumbas. El conjunto expone una historia precolonial de Angola que continúa escasamente documentada y que debe interpretarse desde las instituciones y conocimientos del país.
Un archivo recuperado antes de desaparecer
Caculo Cabaça permite observar cómo una comunidad del siglo XV integraba arquitectura, trabajo, memoria y tratamiento de sus muertos. Los 117 grupos de estructuras demuestran que no se trataba de un enclave pequeño ni de una sepultura aislada.
El valor del rescate dependerá ahora de la conservación de los materiales, la publicación accesible de los datos y la continuidad de las excavaciones fuera del embalse. El agua podrá cubrir parte del terreno, pero el trabajo realizado impide que su historia desaparezca sin registro.