Project Agorá liquida ya cerca de US$1 millón en pagos transfronterizos reales
Dinero real dentro de un prototipo coordinado
El Banco de Pagos Internacionales, BIS por sus siglas en inglés, publicó el 30 de julio los resultados de la prueba con valor real de Project Agorá. Los participantes movilizaron aproximadamente 800.000 francos suizos mediante tokens que representaban reservas de bancos centrales y depósitos de bancos comerciales.
La fecha de publicación corresponde al informe de resultados; las operaciones se realizaron previamente dentro de ventanas de prueba coordinadas. El acontecimiento nuevo es la confirmación de que el prototipo procesó valor real, no solamente mensajes simulados. CoinDesk contrastó el anuncio el mismo 30 de julio y situó el equivalente cerca de un millón de dólares.
Participaron 28 instituciones financieras privadas y cinco bancos centrales. Entre las entidades comerciales figuraron JPMorgan, Citi, UBS, Deutsche Bank y Standard Chartered. El proyecto reunió aproximadamente a 250 profesionales encargados de tecnología, operaciones, cumplimiento, tesorería y diseño jurídico.
Las seis monedas probadas fueron el dólar estadounidense, el euro, la libra esterlina, el yen japonés, el franco suizo y el won surcoreano. El BIS contabilizó 17 escenarios, mientras CoinDesk informó de unas 30 transferencias individuales. Las cifras miden elementos diferentes: un mismo escenario puede ejecutarse mediante más de una operación.
Qué tipo de dinero se tokenizó
Los tokens de Agorá no eran bitcoin, monedas estables privadas ni activos creados para especular. Los bancos centrales participantes emitieron representaciones digitales de reservas que las instituciones mantienen dentro del sistema monetario mayorista. Los bancos comerciales emitieron tokens vinculados con depósitos denominados en las respectivas monedas oficiales.
Un depósito tokenizado conserva una obligación del banco frente al titular, aunque su registro y transferencia utilicen infraestructura programable. No debe confundirse con una moneda estable, cuyo emisor puede ser una empresa no bancaria y cuyo respaldo depende de una reserva de efectivo, deuda u otros activos.
Las reservas de banco central cumplen otra función. Constituyen el activo con el que las entidades financieras liquidan obligaciones entre sí. Al incorporar simultáneamente reservas y depósitos al mismo entorno, Agorá intenta conservar la estructura monetaria de dos niveles: el banco central sostiene la liquidación final y las entidades comerciales prestan servicios a empresas y clientes.
Los participantes emitieron y canjearon los tokens durante la prueba. Cada unidad debía mantener correspondencia con dinero existente en los sistemas autorizados. El proceso necesitó controles sobre identidad, saldo, permisos y conciliación; una cadena compartida no crea por sí sola el activo que afirma representar.
Diecisiete escenarios de pagos internacionales
El programa incluyó pagos corporativos y bancarios, tanto en una moneda como mediante conversión entre dos divisas. También probó transferencias entre sociedades de un mismo grupo y operaciones de pago contra pago, conocidas como PvP por la expresión inglesa payment versus payment.
El mecanismo PvP intenta que ambas partes de una operación de cambio se completen simultáneamente. En un pago tradicional, un banco podría entregar una moneda y no recibir la otra por un fallo o insolvencia de su contraparte. Ese peligro se denomina riesgo de principal o riesgo Herstatt.
Agorá bloqueaba los fondos necesarios antes de ejecutar el intercambio y liberaba ambos lados de manera atómica: o se completaban juntos o ninguno debía quedar liquidado. Esta condición es una de las aplicaciones más relevantes de la programación financiera, porque reduce la dependencia de mensajes y conciliaciones enviados en momentos diferentes.
El proyecto también incorporó mecanismos de contingencia. Un sistema real necesita determinar qué sucede si una institución no confirma, una moneda no está disponible o la infraestructura se interrumpe después de bloquear un saldo. Las reglas jurídicas y de gobernanza deben respaldar el comportamiento del código para que la liquidación sea exigible.
Un promedio de 80 segundos
El BIS calculó unos 80 segundos de media desde el inicio hasta la liquidación. El resultado se obtuvo aunque el prototipo no estaba integrado directamente con todos los sistemas de liquidación bruta en tiempo real ni con cada plataforma bancaria central utilizada por los participantes.
La cifra demuestra que el circuito puede operar con rapidez en condiciones coordinadas, pero no constituye todavía una comparación directa con toda la cadena de un pago comercial. En producción habría que añadir verificaciones de fraude, sanciones, disponibilidad de liquidez, horarios, sistemas internos y posibles revisiones manuales.
Los participantes dispusieron de visibilidad integral sobre el estado de cada operación. En vez de que una empresa vea únicamente que su pago fue enviado, los actores autorizados podían comprobar si los fondos estaban bloqueados, convertidos o liquidados. Esta trazabilidad puede reducir consultas y errores cuando intervienen varios bancos corresponsales.
El ensayo utilizó mensajes ISO 20022 como pacs.008, pacs.009 y camt.053 para conectarse con sistemas externos. ISO 20022 es un estándar internacional que estructura información de pagos. La compatibilidad muestra que Agorá no plantea sustituir instantáneamente toda la infraestructura bancaria, sino comunicarse con herramientas ya implantadas.
SIX y Kaleido sostuvieron la prueba
SIX, operadora de infraestructuras financieras suizas, actuó como facilitadora operativa. Kaleido proporcionó parte de la tecnología utilizada para organizar el libro y las conexiones. Los bancos centrales conservaron las funciones relacionadas con reservas, mientras las entidades privadas administraron los depósitos tokenizados.
La distribución de responsabilidades resulta importante. Una infraestructura programable no elimina intermediarios: cambia qué tarea desarrolla cada uno y cómo se comparte la información. Continúan siendo necesarios emisores, operadores, autoridades monetarias, proveedores técnicos y mecanismos para resolver disputas.
El prototipo tampoco funcionó como una cadena pública abierta. Solo participaron instituciones admitidas y cada una operó conforme a permisos definidos. Esa arquitectura facilita controles de identificación y confidencialidad, pero implica que usuarios particulares y empresas no pueden conectarse directamente sin una entidad autorizada.
El empleo de tecnología de registro distribuido debe evaluarse frente a otras bases de datos compartidas. La ventaja potencial reside en combinar activos, reglas y liquidación dentro de un entorno común. Para justificar su uso a gran escala, el proyecto tendrá que demostrar mejoras en disponibilidad, coste, resiliencia y gobernanza, no solamente velocidad.
Lo que aún separa el piloto de la producción
Project Agorá no ha anunciado una fecha para ofrecer pagos comerciales generales ni una migración de las reservas de los bancos centrales participantes. La prueba se realizó con importes limitados —entre aproximadamente 9.000 y 125.000 francos suizos por escenario— y bajo coordinación intensiva.
Un despliegue permanente tendría que manejar muchas más entidades, monedas, zonas horarias y requisitos jurídicos. También necesitaría proteger claves, asegurar la continuidad de los nodos y definir quién puede detener, corregir o revertir una instrucción cuando existe fraude o una orden judicial.
La privacidad representa otro reto. Un pago transfronterizo contiene nombres, cuentas, finalidades y datos comerciales que no pueden exponerse indiscriminadamente. El sistema debe permitir comprobaciones regulatorias sin divulgar información sensible a todos los participantes ni crear un repositorio innecesario de datos personales.
La relevancia del ensayo radica en haber utilizado dinero real y obligaciones bancarias reconocibles, no activos experimentales sin correspondencia jurídica. El siguiente paso será comprobar si esa arquitectura puede funcionar continuamente, integrarse con los sistemas nacionales y reducir de forma medible los costes y retrasos que experimentan empresas y bancos en los pagos internacionales.