Aumentan las infecciones respiratorias en un invierno marcado por el frío y el virus

El invierno pone a prueba la salud respiratoria y refuerza la prevención

El invierno 2025-2026 llega con un aumento de las infecciones respiratorias agudas, la circulación de virus como la gripe, el VRS y la covid-19 y condiciones ambientales adversas —frío intenso, aire seco y contaminación— que elevan la presión sobre el sistema respiratorio y recuerdan la importancia de la prevención, la vacunación y los hábitos de protección para reducir complicaciones, especialmente en los grupos más vulnerables.

Los datos de vigilancia epidemiológica confirman que el invierno sigue siendo la temporada crítica para las infecciones respiratorias en España y en buena parte de Europa. Informes recientes sitúan la incidencia global de infecciones respiratorias agudas por encima de los 800 casos por 100.000 habitantes en algunas comunidades, con ondas epidémicas de gripe, bronquiolitis por virus respiratorio sincitial (VRS) y un goteo constante de covid-19 que mantiene la presión sobre la atención primaria y los servicios de urgencias. Aunque en determinados momentos la gripe ha mostrado descensos puntuales, la circulación de virus respiratorios se mantiene en niveles epidémicos, con especial impacto en la población infantil y en personas mayores con patologías de base.

El efecto del frío va más allá de la simple estacionalidad de los virus. El descenso de las temperaturas, la sequedad del aire y una mayor exposición a ambientes interiores poco ventilados favorecen la supervivencia de los patógenos respiratorios y facilitan su transmisión por gotículas y aerosoles. Estudios citados por organismos sanitarios señalan que el aire frío y seco puede irritar la mucosa respiratoria, disminuir la eficacia de las defensas locales y desencadenar síntomas como tos, falta de aire o broncoespasmo incluso en personas sin enfermedades pulmonares previas. Además, la contaminación atmosférica y el humo del tabaco actúan como irritantes adicionales que inflaman las vías respiratorias y se asocian a un mayor riesgo de crisis en pacientes con asma o EPOC.

Desde la perspectiva de salud pública, el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas han activado planes de invierno específicos para la gripe y las infecciones respiratorias agudas, con umbrales epidémicos que permiten ajustar recursos asistenciales y reforzar la atención a los pacientes más frágiles. Estos planes incluyen la monitorización continua de la incidencia, la coordinación entre atención primaria, hospitales y residencias y medidas de contingencia para absorber picos de demanda, como el refuerzo de urgencias y la vigilancia en unidades de cuidados intensivos. En regiones como La Rioja, los últimos informes describen una fase epidémica de intensidad media, con aumento de ingresos hospitalarios por gripe y VRS, mientras que la covid-19 mantiene cifras bajas pero estables.

La vacunación sigue siendo una de las principales herramientas preventivas frente a las formas graves de gripe, covid-19 y, en el caso del VRS, mediante nuevas estrategias de inmunización para lactantes y otros grupos de riesgo. La campaña 2025-2026, activa desde otoño, se dirige de manera prioritaria a personas mayores de 60 o 65 años, pacientes con enfermedades crónicas respiratorias o cardiovasculares, embarazadas, personal sanitario y sociosanitario, así como a niños pequeños según los calendarios vacunales de cada comunidad. En territorios como La Rioja, la cobertura frente a la gripe en mayores de 65 años supera el 60%, mientras que en el conjunto del país las autoridades insisten en completar dosis de refuerzo frente a covid-19 en los grupos vulnerables.

Junto a las vacunas, las recomendaciones preventivas se centran en medidas sencillas pero eficaces para reducir la transmisión de virus respiratorios. Entre ellas destacan el lavado frecuente de manos, el uso de mascarilla por parte de personas con síntomas, la ventilación regular de espacios cerrados, evitar aglomeraciones en interiores poco ventilados y extremar la precaución al interactuar con personas de alto riesgo, como mayores, inmunodeprimidos y niños pequeños. Los protocolos nacionales subrayan que, ante ondas epidémicas, conviene reducir en lo posible las interacciones sociales si se presentan síntomas respiratorios y evitar acudir a servicios sanitarios sin necesidad, reservando los recursos para los casos más graves o con signos de alarma.

Los especialistas también recuerdan que el invierno es una época clave para reforzar los hábitos de autocuidado que protegen la función respiratoria. Mantener una buena hidratación, seguir una alimentación equilibrada, no fumar, limitar la exposición a humo y otros irritantes, abrigarse adecuadamente al salir al exterior y programar ejercicio físico moderado adaptado a la condición de cada persona contribuyen a preservar la capacidad pulmonar. En pacientes con enfermedades respiratorias crónicas, se aconseja revisar la medicación preventiva con su equipo sanitario, disponer de planes de acción ante exacerbaciones y consultar precozmente si aparecen dificultad respiratoria intensa, fiebre alta mantenida o empeoramiento brusco del estado general.

Aunque los datos muestran que la circulación de algunos virus, como la gripe, puede fluctuar durante el invierno, los expertos coinciden en que la combinación de vacunación, medidas higiénicas básicas y protección de los grupos vulnerables es la estrategia más eficaz para minimizar el impacto sanitario de la temporada fría. Las autoridades sanitarias insisten en que la prevención no debe limitarse a los picos epidémicos, sino mantenerse de forma constante durante todo el invierno, especialmente en hogares con personas mayores, niños pequeños o pacientes crónicos, en los que una simple infección respiratoria puede derivar en complicaciones graves.